La borrasca que azotó la comarca este pasado domingo ha provocado una crisis diplomática al desplazar el hito de piedra que marca la frontera entre los municipios. El vendaval arrastró la pieza de granito, de dos toneladas de peso, exactamente tres metros hacia el interior del término vecino. Este fenómeno atmosférico ha dejado fuera de la jurisdicción municipal a la mitad de la calle Mayor y a un transformador eléctrico, alterando la cartografía oficial del catastro sin previo aviso administrativo.
Bloqueo por deriva eólica
La concejalía de Urbanismo se niega a devolver la piedra a su sitio original alegando que el movimiento fue un acto de la naturaleza y, por tanto, vinculante. Los servicios jurídicos sostienen que el límite lo define la posición física del hito, por lo que el ayuntamiento vecino ha ganado involuntariamente una superficie equivalente a tres huertos de coles. Hasta que un equipo de notarios no certifique la trayectoria exacta de las ráfagas y su intencionalidad, el nuevo mapa se considera oficial.
No podemos mover el hito porque incurriríamos en prevaricación geográfica; si el viento ha decidido que ahora somos más grandes, habrá que aceptarlo.
Incertidumbre tributaria
Mientras se resuelve la disputa, los vecinos afectados se encuentran en un limbo que les impide saber a qué consistorio deben pagar sus impuestos. La policía local ha establecido un cordón de seguridad alrededor del hito para evitar que vientos de componente norte intenten revertir la soberanía territorial. Se teme que nuevas ráfagas empujen el edificio del ayuntamiento entero hacia la provincia colindante antes del próximo pleno extraordinario.

