Un equipo de facultativos del ambulatorio de El Petutall ha publicado un informe que revoluciona la dermatología rural: la pérdida progresiva de cabello no se debe a la genética, sino a la acumulación de rencor por lindes mal delimitadas y herencias de cubiertos de plata. Según los expertos, cada año que se pasa sin dirigirle la palabra a un primo segundo por la propiedad de un pozo seco equivale a la caída de unos 400 folículos pilosos en la zona de la coronilla.
Somatización de la herencia
El estudio, basado en el seguimiento de treinta vecinos que llevan desde 1984 comunicándose exclusivamente mediante burofaxes y gestos obscenos desde el tractor, demuestra una correlación directa entre la bilis contenida y el retroceso del cuero cabelludo. Los médicos advierten que ignorar el saludo de un vecino en la plaza del pueblo genera una tensión estática que debilita la raíz del pelo de forma inmediata, provocando lo que han denominado como alopecia por testarudez crónica.
La ciencia del silencio
Hemos observado casos clínicos donde la mención fortuita de una tía abuela que no dejó el testamento claro produce un desprendimiento capilar masivo en menos de seis minutos. El cuero cabelludo se estresa al intentar procesar tanta mala sangre y acaba expulsando el pelo para ventilar mejor el cráneo, que suele estar a una temperatura de ebullición por el odio
explica el doctor Pere Punyetes, responsable de la unidad de Malestar Vecinal del centro de salud.
Ante estos resultados, las autoridades sanitarias recomiendan un tratamiento de choque consistente en pedir perdón por un malentendido de hace tres décadas o, en su defecto, usar una boina de lana virgen para ocultar las consecuencias de la soberbia. Sin embargo, los pacientes más graves aseguran que prefieren quedarse totalmente calvos antes que admitir que el muro del huerto de la familia Casas está bien colocado en su sitio original.

