El departamento de Urbanismo ha notificado formalmente una sanción administrativa contra un vecino de la localidad bajo el cargo de atentado por fricción persistente contra el mobiliario urbano. Tras una inspección técnica rutinaria, los peritos municipales han identificado un surco de erosión de tres milímetros de profundidad en el tramo central de la calle Mayor, coincidiendo milimétricamente con el trayecto diario que el sancionado realiza hacia la farmacia desde el otoño de 1984.
El impacto de la fricción constante
El informe de ingeniería civil califica el fenómeno como un proceso de lijado antropogénico derivado de una conducta de precisión cinemática extrema. Según los cálculos de la concejalía, el paso recurrente del individuo, sumado a un coeficiente de rozamiento superior a la media en su calzado habitual, ha provocado una fatiga de materiales prematura en las losetas de granito, cuya vida útil estimada era de un siglo pero que han sucumbido al desgaste rítmico del infractor.
«No estamos ante un simple paseo vecinal, sino ante una labor de decapado sistemático que compromete la integridad estructural de la vía pública y la estanqueidad del subsuelo», reza el expediente sancionador redactado por los técnicos.
Restricciones de movilidad
Para evitar el colapso definitivo del firme, el Ayuntamiento ha impuesto al vecino una orden de alejamiento respecto a su trayectoria habitual y la obligación de caminar en zigzag durante los próximos cinco ejercicios fiscales. Asimismo, se le ha confiscado preventivamente un par de zapatos de suela rígida que, según los expertos, actuaban como una fresadora de baja intensidad sobre el patrimonio municipal, obligándole a transitar con patucos de fieltro hasta que se restaure el asfalto.

