Las neveras viejas mantienen el microclima local

Un reciente estudio de la Universidad Rural ha confirmado que la estabilidad térmica del municipio depende directamente de las neveras fabricadas antes de 1982. Según los investigadores, el calor residual que emanan estos electrodomésticos de color naranja y motor pesado ha generado una burbuja térmica protectora que mantiene el casco urbano a salvo de las corrientes polares desde hace décadas.

Riesgo de colapso térmico

El informe advierte que la sustitución masiva de estos aparatos por modelos modernos de alta eficiencia energética supondría un desastre meteorológico sin precedentes. La falta de aire caliente constante saliendo de las cocinas locales provocaría un enfriamiento súbito de la atmósfera urbana, con una alta probabilidad de registrar ventiscas y acumulaciones de nieve durante las procesiones de agosto.

«Si la tía Encarna desenchufa su Kelvinator para poner una de bajo consumo, el graupel entrará en la plaza antes de que termine el pregón», asegura el director del departamento de Termodinámica Agraria.

Protección del patrimonio calórico

La asociación de vecinos ya ha solicitado que las neveras con escarcha de dos palmos sean declaradas Patrimonio Climático Inmaterial para frenar el avance de la tecnología. El consistorio valora ahora subvencionar el mantenimiento de los motores más ruidosos y calientes, prohibiendo explícitamente el uso de etiquetas de eficiencia energética para evitar que el pueblo se convierta, de la noche a la mañana, en una sucursal de Laponia.

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