El Juzgado de Paz ha dictado una sentencia sin precedentes contra un vecino de la localidad, Eustaquio G., al hallarlo culpable de un delito de indiferencia persistente hacia la presidencia municipal. Tras tres años accediendo a la panadería sin cruzar la mirada con el alcalde, la magistratura ha decretado que el procesado deberá cumplir diez horas de conversación pública obligatoria para restaurar la armonía social del municipio.
Protocolo de plaza y muro
La sanción se ejecutará íntegramente en la Plaza Mayor, concretamente en el banco de la solana. Bajo la supervisión de un perito en protocolo comarcal, el condenado está obligado a iniciar un mínimo de quince interacciones verbales por hora. Los temas de conversación han sido tasados por la Comisión de Etiqueta: deberá preguntar por el grado de humedad en los bancales inferiores y mostrar una preocupación genuina por la maduración del níspero.
El ciudadano mostraba un mutismo que rozaba la sedición administrativa al pasar por delante del consistorio.
Riesgo de reincidencia verbal
El perito evaluará la naturalidad de los comentarios, penalizando el uso de monosílabos o el desvío de la vista hacia el campanario mientras se analiza la probabilidad de heladas antes de noviembre. En caso de incumplir la cuota de sociabilidad, Eustaquio G. podría ser condenado a presidir las próximas cinco juntas de la comunidad de regantes, una pena que el abogado defensor ha calificado de inhumana y desproporcionada.

