La Concejalía de Cultura ha activado esta semana el nuevo sistema de fiscalidad lingüística en la red de bibliotecas municipales, que penalizará económicamente el uso de adjetivos en las consultas y préstamos. El objetivo de la medida es sanear la comunicación local, eliminando los adornos innecesarios que, según los técnicos municipales, ralentizan la gestión administrativa y confunden seriamente al ganado en las zonas de pasto colindantes.
El contador de epítetos
Los usuarios que acudan al mostrador deberán someter sus peticiones a un escáner de frecuencia léxica conocido como el Contador de Epítetos. Por cada palabra descriptiva que supere el umbral de lo funcional, el lector abonará una tasa de doce céntimos. Esta normativa afecta tanto a la comunicación oral con el personal como a los márgenes de los libros devueltos, donde el subrayado de términos como «hermoso» o «sublime» será considerado una infracción contra la sobriedad comarcal.
«Un perro es un perro; no necesita ser fiel, canela ni lanudo para ocupar su sitio en el registro municipal», afirmó el responsable de léxico.
Lectura de bajo consumo
Para los presupuestos más ajustados, se ha habilitado la sección de Lectura de Bajo Consumo, un espacio compuesto íntegramente por manuales de instrucciones de tractores y listines telefónicos. La dirección del centro ha confirmado que el diccionario de sinónimos ha sido retirado de la circulación y custodiado en una caja fuerte para evitar brotes de elocuencia no autorizada entre los vecinos que todavía insisten en utilizar el superlativo para hablar del tiempo.

