El consejo de regantes de la Séquia Major ha completado con éxito la fase de ignición de su colisionador de limos, una infraestructura enterrada bajo el cauce principal para investigar el origen del barro primigenio. El proyecto busca desentrañar los misterios de la materia orgánica antes de su sedimentación, identificando la unidad mínima de viscosidad que permite la adherencia del fango a las botas de caucho.
Superconductores en el cauce
La instalación cuenta con imanes superconductores refrigerados mediante un sistema de agua de riego filtrada con mallas de nylon. El dispositivo permite acelerar las partículas de arcilla y restos de algas a velocidades cercanas a la de un tractor de gran cilindrada, provocando colisiones frontales que liberan pequeñas dosis de energía telúrica. Los técnicos monitorizan el comportamiento del légamo en condiciones de presión extrema similares a las de una gota fría.
Vibraciones subatómicas
El barro es el principio y el fin; si logramos dividir el átomo de légamo, podremos abonar los campos sin necesidad de soltar agua de la presa.
Los vecinos de las parcelas colindantes han denunciado constantes vibraciones que afectan al cuajado de los tomates y al equilibrio de los caracoles. A pesar de las quejas, la junta de aguas planea aumentar la potencia del anillo el próximo domingo para buscar el bosón de Higos, una partícula teórica que explicaría por qué algunos frutos pesan menos en la báscula de la cooperativa que en la propia rama.

