La cosa saltó a varios bancales del camino del Pou de la Riba, donde unos masovers aseguran que los mojones han amanecido a escasos metros del lugar original, como si hubieran salido andando por la noche.
Según se comenta en la contornà, la primera alerta la dio La Puri, que vio desde los prismáticos un canto sospechoso y luego otro ya directamente ausente. En seguida se corrió la voz por el bar del poble: “això no és normal, eixos cantals no es mouen sols”.
La linde, cuando se respeta, da paz; cuando no, da conversación
Los mojones sirven para marcar límites de finca, separar un bancal de otro y evitar que el vecino te ensanche el terreno con la tranquilidad de quien solo iba a mirar. En el campo, una piedra bien puesta vale más que tres discusiones y un carajillo, aunque aquí hay quien le da la vuelta al asunto con una aixà y mucha fe.
“Yo los he visto toda la vida ahí, y ahora uno ha desaparecido y el otro está torcido. Esto ya no es de lluvia, esto es de manos largas o de viento con mala intención”, explicó un masover del camino, todavía con la gorra puesta del revés.
Lo que se teme en la zona
En Atzeneta y por la línea ya se han oído casos de lindes discutidas, cantals recolocados y parcelas que de repente parecen más grandes. Nadie confirma nada, pero todos saben que cuando un mojón cambia de sitio, luego vienen los “yo no he sigut” y los “això estava així de tota la vida”.
De momento, la recomendación en la zona es mirar bien los cantals, no recolocar nada por libre y avisar al propietario de al lado antes de que el campo acabe pidiendo acta notarial y una picaeta para bajar tensiones. En el Pou de la Riba ya dicen que, si siguen así, los mojones tendrán que volver con chaleco reflectante para que no se los lleven de paseo.

