La concejalía de Saneamiento y Labranza ha completado la instalación de una red de mallas de fibra de vidrio en los colectores principales para interceptar los cotilleos que los vecinos vierten por sus desagües. Esta medida busca asegurar la pureza del agua de la acequia mayor, que llega a la huerta cargada de maledicencias y sospechas infundadas sobre herencias o devaneos amorosos.
Hortalizas con regusto a traición
Los técnicos municipales detectaron la anomalía tras recibir quejas de agricultores que aseguraban que sus acelgas sabían a venganza y las alcachofas tenían un núcleo amargo y traicionero. Los análisis confirmaron que el agua contenía trazas de rumores sobre un testamento, lo que alteraba el pH del suelo y volvía a las hortalizas hoscas y poco comunicativas.
Si regamos los pepinos con lo que se dice de la mujer del carnicero, el fruto sale torcido y con muy mala leche, asegura un regante local.
Gestión de residuos de mala fe
El protocolo establece que las mallas se limpiarán quincenalmente para evitar atascos de secretos que puedan reventar las tuberías por exceso de presión social. Los residuos, compuestos por insinuaciones y medias verdades, serán enterrados bajo una capa de discreción administrativa hasta que pierdan su carga tóxica y dejen de ser un peligro para el consumo humano.

