La corporación municipal de El Petutall ha aprobado por unanimidad una ordenanza pionera para contrarrestar el impacto del endurecimiento de las tasas de alcoholemia en carretera. Ante el riesgo de aislamiento social y la caída de ingresos en la hostelería local, el consistorio ha decidido homologar las carretillas de obra de toda la vida como Unidades de Transporte Inercial No Motorizado (UTINM). Este nuevo marco legal permite a los vecinos desplazarse desde la taberna hasta sus domicilios aprovechando la orografía del terreno, siempre que el vehículo carezca de motor y sea propulsado por la fuerza de la gravedad o por un acompañante en condiciones similares.
El reglamento, redactado por el perito local tras varias tardes de observación técnica en la Plaza Mayor, exige requisitos mínimos de seguridad para evitar sanciones administrativas. Todas las carretillas destinadas al transporte de humanos deben incorporar obligatoriamente un cojín de lana de oveja virgen para amortiguar los baches y dos reflectores del tipo ojo de gato en los laterales. Además, se prohíbe taxativamente el uso de neumáticos de competición, obligando a mantener la rueda de goma maciza original para garantizar que la velocidad de descenso no supere en ningún caso la de un peatón con prisa.
Es una medida necesaria para la conciliación; ahora puedes bajar la calle de la Amargura tumbado entre dos sacos de cemento y llegar a casa con la dignidad intacta y todos los puntos del carné a salvo.
La medida ha sido recibida con entusiasmo por la Asociación de Amigos del Chupito, que ya ha anunciado la primera cronoescalada de carretillas nocturna. Por su parte, los agentes de la autoridad local han recibido instrucciones de no someter a pruebas de aire a nadie que viaje sentado dentro de un vehículo de obra, limitándose a comprobar que el ocupante no sobresalga más de treinta centímetros por los bordes de la estructura para no comprometer la aerodinámica municipal. El Petutall se sitúa así a la vanguardia de la movilidad sostenible y etílica.

