El Pou de la Riba amaneció ayer con una niebla espesa y un olor tan claro a allioli que más de uno pensó que había empezado la torrà sin avisar. La niebla con sabor a allioli corrió de masía en masía antes que el checolate de la mañana.
El fenómeno se dejó notar sobre todo entre el camino del Pou, dos casetas de piedra y un bancal donde la bruma se quedó baja, pegada al suelo, como si no quisiera pagar perres por seguir andando.
El aire venía raro y el pueblo también
La Puri, que lo ve y hasta lo huele todo con los prismáticos, aseguró que el olor empezó detrás de un pino.
Posibles causas, según la sabiduría de la era
En el pueblo ya se habla de inversión térmica, humedades que suben de golpe y de alguna actividad de las que dejan el campo oliendo a cosa seria. También hay quien sospecha de algún remolino travieso que mezcló compuestos del monte con el frío de la noche, y acabó dejando el olor a ajo bien sujeto al suelo.
Los más finos del lugar recuerdan que la niebla agarra los olores como si fueran cantals pequeños: los recoge, los pasea y los suelta donde le da la gana. Por eso no extrañó que medio Pou preguntara si había una picaeta escondida en la font.
Investigación abierta y calma en la contornà
El ayuntamiento, sin perder la compostura, ha pedido observar el episodio sin hacer mucho teatro. De momento no se han visto daños, salvo un aumento de apetito y alguna ventana abierta “por si el alioli era de verdad”.
Si el fenómeno vuelve, recomiendan cerrar la casa un rato, no ponerse fino a respirar la bruma y avisar a quien toque si el olor aprieta más de la cuenta. En el Pou de la Riba ya saben que cuando la niebla baja, mejor tener el pan a mano por si acaso.
Y así quedó la mañana: el barranco callado, el aire espeso y el pueblo con la sospecha de que, por una vez, el clima quiso merendar como una persona de Atzeneta.

