Un concurso de mojones atasca el camino

El concurso de mojones paraliza camino desde primera hora, cuando tres cuadrillas empezaron a levantar cantals en mitad de la senda “pa ver quién lo hacía más recto”. Lo que iba a ser una faena de domingo acabó en bloqueo de camino por evento local y con media contornà dando la vuelta por debajo del pino.

El jaleo empezó en el Camino del Pou de la Riba, a la altura de un trozo donde el barranco aprieta y la carrasca no deja maniobrar ni a una cabra con prisas. Entre risas, discusiones y algún “això no va així”, los mojones fueron ocupando la calzada hasta dejar un cierre vial barranco más serio que una romería con barro.

¿Por qué un concurso de mojones paraliza camino al barranco?

“¿Por qué un concurso de mojones paraliza camino al barranco?” se preguntaba ayer la gent menuda y la que ya ha visto demasiadas cosas para sorprenderse. Pues porque en cuanto se juntan dos vecinos con palmo y medio de piedra, cada uno quiere su línea, su esquina y su verdad. Y claro, los mojones límites territoriales, que normalmente duermen discretos entre coscojas, acabaron plantados donde pasaban los coches.

La cosa se complicó cuando llegaron curiosos del pueblo, una burra que venía del bancal y el bocata de uno que pasaba por allí sin saber ni a qué misa iba. La Ruta bloqueada por concurso de mojones cómo afecta se notó enseguida: reparto parado, un tractor sin poder subir y dos vecinas mirando con prismáticos desde la masía de arriba.

“Yo solo he venut a posar un cantal i me han fet jurat”, explicó el Negosis, con la barbilla seria y la mano llena de polvo. “Si això no és cultura de la bona, que baje el alcalde y lo vea”.

Intervención de autoridades municipales y salida improvisada

La intervención de autoridades municipales llegó ya con el sol encastado y el camino más lleno que la mesa de una torrà. Según se dijo en el bar del poble, el ayuntamiento pidió retirar los mojones más gordos y dejar un paso libre, mientras dos vecinos discutían si aquello era arte, tradición o una manera muy seria de medir el orgullo.

Por ahora el tramo sigue medio abierto, con desvío por la senda de atrás y vigilancia de la Puri, que ya tiene localizado quién movió el último cantal. Si no se tuerce más, mañana quedará todo limpio y el barranco volverá a su rutina de siempre: agua cuando hay, polvo cuando no, y algún que otro concurso improvisado que nadie había pedido.

En el monte, cuando se junta piedra, camino y ganas de llevar razón, pasa lo de siempre: que el problema no es el barranco, sino quién ha dejado el mojón un dedo más allá.

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