Se pone a la venta un motocultor marca Palleter modelo 400, con apenas cincuenta horas de uso y un estado de conservación impecable, salvo por un severo trastorno de personalidad que le impide reconocer su función vital en la huerta. El aparato, diseñado originalmente para batir la tierra y labrar bancales de hortalizas, ha desarrollado la convicción inquebrantable de ser un deportivo de alta gama fabricado en Maranello. Esta patología mecánica se manifiesta cada vez que se aproxima al barro, momento en el cual el motor se cala de forma preventiva para no ensuciar las llantas, las cuales ahora exige que sean pulidas con gamuza de seda antes de cada jornada.
Prestaciones y delirios de grandeza
El rendimiento en campo es actualmente nulo, ya que la máquina se niega a activar las fresas si no se le garantiza un asfalto liso y una temperatura ambiente de veinticuatro grados para no comprometer la viscosidad del aceite. El propietario advierte de que el motocultor ha comenzado a emitir un rugido de aceleración impropio de un motor diésel monocilíndrico, intentando emular un cambio de marchas secuencial mientras ignora las órdenes del manillar. Además, ha desarrollado una fobia extrema a los remolques cargados de estiércol, sufriendo episodios de vibraciones incontroladas si se le aparca cerca de cualquier vehículo que no sea, como mínimo, un todoterreno de lujo.
«El servicio técnico oficial me ha confirmado que no es un problema de bujías, sino de ego; la máquina cree que labrar es una actividad de clase baja», afirma el dueño afectado.
Condiciones de la transacción
Se aceptan ofertas razonables o cambios por una desbrozadora que acepte su condición de herramienta de trabajo y no pida lubricante sintético de edición limitada. El precio incluye un juego de pegatinas de una escudería italiana que el propio motocultor exigió mediante ruidos intermitentes del escape durante la pasada cosecha de patatas. Abstenerse agricultores con prisa o con huertos situados en zonas de montaña, pues el aparato sufre de vértigo crónico y se niega a subir pendientes superiores al tres por ciento alegando que la falta de aerodinámica podría hacerlo volcar en las curvas.

