El Ayuntamiento ha ratificado esta semana la Ordenanza Municipal de Complementos Textiles de Cabeza, una normativa pionera que regula el ángulo exacto de inclinación de la boina. Según los técnicos municipales, una desviación superior a los 15 grados respecto al eje de la ceja genera turbulencias innecesarias en los callejones del casco antiguo, comprometiendo la estabilidad peatonal y la estética del paisaje tradicional. Los infractores se enfrentan a sanciones que oscilan entre los 50 euros y la retirada temporal del permiso de uso de prendas de lana en espacios públicos.
Inspecciones en la Plaza Mayor
Para velar por el cumplimiento de la norma, se ha desplegado la Patrulla de Estética Rural (PER), cuyos agentes recorren la plaza mayor provistos de transportadores de ángulos de precisión suiza. Las inspecciones se realizan de forma aleatoria, obligando al vecino a permanecer estático mientras se mide la tangente entre el lóbulo auricular y el vuelo del fieltro. Se ha informado de que el viento racheado no será admitido como atenuante en el parte de sanciones, recomendándose el uso de horquillas invisibles para fijar la estructura ante posibles borrascas.
La aerodinámica de la boina no es una cuestión de gusto, sino de seguridad civil; un vuelo excesivo puede actuar como vela y provocar colisiones involuntarias en días de mercado.
Túnel de viento municipal
Aquellos ciudadanos que acumulen tres avisos negativos deberán asistir a un cursillo intensivo de reeducación en el centro cívico, donde se les instruirá en el calado simétrico y el manejo de la badana. El consistorio ha habilitado un túnel de viento portátil junto a la báscula de la cooperativa para que los ganaderos puedan certificar que sus prendas cumplen con los estándares de resistencia hidrodinámica antes de iniciar la jornada laboral en campo abierto.

