La Dirección General de Patrimonio ha oficializado esta semana la inclusión de la siesta colectiva de la Plaza Mayor en el catálogo de Bienes de Interés Cultural. Esta distinción obliga a la paralización absoluta de cualquier actividad mecánica, comercial o biológica ruidosa entre las quince y las diecisiete horas en todo el casco urbano.
La patrulla del silencio municipal
Para garantizar el reposo, el ayuntamiento ha creado la Patrulla del Silencio, un cuerpo de técnicos con calzado de fieltro que sancionarán el arrastre de sillas o el piar excesivo de los gorriones. Los comercios tienen prohibido bajar persianas metálicas durante el tramo protegido para evitar el estruendo de los muelles, quedando el centro en un estado de suspensión obligatoria que impide incluso el tránsito de gatos con cascabel.
Protección del ronquido autóctono
La siesta es una arquitectura sónica que debemos preservar de las estridencias de la modernidad y de los despertadores prematuros.
Los técnicos de patrimonio supervisarán que los ronquidos mantengan el compás tradicional de la zona, evitando síncopas rítmicas que alteren la pureza del ambiente. Según el nuevo reglamento, aquel vecino que despierte antes de la hora estipulada deberá permanecer inmóvil y con los ojos cerrados para no romper la estética estática del conjunto monumental.

